EL PAÍS, martes 27 de abril de 2004
SALUD
MAYKA SÁNCHEZ, Madrid
El plomo de algunos carburantes, de emanaciones industriales
y de tuberías viejas representa un riesgo de toxicidad para 120 millones
de personas en el mundo. Los niños, sobre todo los menores de tres años,
son los más susceptibles a la intoxicación, pues el metal puede
interferir en su desarrollo. Cuatro de cada 10 presenta niveles sanguíneos
elevados.
La OMS advierte de que 120 millones de personas están expuestas a la
intoxicación por este metal
E1 13% de los casos de retraso mental leve en la infancia tiene su ori gen en
una elevación de los niveles de plomo en la sangre, extremo éste
que se observa en cuatro de cada 10 niños, según un estudio promovido
por el Departamento de Protección del Entorno de la Organización
Mundial de la Salud (OMS). Este trabajo también revela que 120 millones
de personas están expuestas a su contaminación. Los carburantes
con plomo, ciertas emanaciones industriales y viejas tuberías de conducción
de aguas son hoy los principales riesgos de exposición.
Por contraposición a otros muchos minerales que son
esenciales para distintas funciones metabólicas del organismo, el plomo
no tiene ningún cometido. Al contrario, ciertas concentraciones en la
sangre de este elemento suponen un impacto negativo sobre la salud.
A partir de los años noventa del siglo pasado, la OMS
apoyó decididamente el desarrollo de investigaciones sobre los riesgos
de la exposición al plomo, pues durante décadas había sido
un importante problema de salud pública. Numerosos elementos y estructuras
contenían este pesado metal en su composición: soldaduras, cables
eléctricos, pilas, ciertos tipos de cerámicas, tuberías
conductoras de agua, algunas pinturas, viviendas construidas antes de 1950 y
emanaciones de ciertos gases.
Las dos principales vías de contacto son la inhalatoria
y la gastrointestinal. La primera es más propia del medio ambiente y
de ámbitos industriales y urbanos, mientras que la segunda se enmarca
sobre todo en el entorno doméstico. Una forma actual de contaminación
alimentaria es la producida por frutos, salsas, bebidas o embutidos envasados,
cuyos ácidos disuelven el plomo de recipientes con recubrimiento interno
inadecuado, como latas abolladas.
Un estudio auspiciado por la OMS, que acaba de publicarse
en 2004 en Environmental Research, revela que un 13% de los casos de retraso
mental leve en la infancia son atribuibles a contaminación por plomo
y que cuatro de cada 10 niños presentan niveles altos de este mineral
en la sangre. Esta investigación, que ha analizado durante 2002 y 2003
una población estadísticamente significativa de 14 regiones geográficas
de todo el mundo, ha sido desarrollada por el Departamento de Protección
del Entorno de la OMS, la Facultad de Medicina Mount Sinai de Nueva York (EE
UU), la Universidad de Gales (Reino Unido) y el hospital Universitario de La
Princesa, junto con Autónoma de Madrid.
El psiquiatra José Luis Ayuso Mateos, coordinador de
este trabajo por parte española, subraya que los nuevos datos sugieren
que 120 millones de personas están expuestas a la contaminación
por plomo. Se trata de un tributo de la industrialización y de la urbanización,
no bien protegidas, que afecta actualmente sobre todo a los países en
vías de desarrollo.
El plomo puede causar en los niños falta de atención,
irritabilidad e hiperactividad
"Nuestros resultados", explica, "en consonancia
con otros estudios, revelan que los niveles altos de plomo en la sangre en la
población infantil son un importante riesgo de retraso mental leve y
de elevación de la presión arterial. También pueden provocar
cambios en la conducta, como irritabilidad, hiperactividad y falta de atención.
Cuanto mayor sea la concentración de plomo en la sangre, mayores son
los riesgos. Pueden aparecer también otros trastornos neurológicos,
anemia, problemas renales y alteraciones en el crecimiento y desarrollo".
Según el pediatra Domingo González Lamuño,
profesor titular en la Universidad de Cantabria y especialista del hospital
Marqués de Valdecilla de Santander, el niño es mucho más
vulnerable que el adulto a la exposición al plomo, especialmente en los
tres primeros años de vida, en que el daño sobre el sistema nervioso
central sería irreversible.
"También existen ciertos trastornos renales",
añade, "que sugieren una contaminación por plomo, puesto
que se excreta por los riñones. Esto sí lo vemos a veces en los
servicios hospitalarios de pediatría, aunque generalmente no se confirma
analíticamente, ya que las pruebas no están disponibles en un
laboratorio convencional de un hospital. Casos más graves, que ya no
vemos en los países desarrollados, son los de saturnismo, una enfermedad
generada por altas concentraciones de este mineral en los huesos".
La normativa de la Unión Europea, cada vez más
rigurosa en el control de las emanaciones de plomo por gases industriales y
carburantes, ha establecido para 2005 un valor límite de 0,5 microgramos
por metro cúbico, que es la mitad del valor fijado en 2000. Sin embargo,
en la gran mayoría de los países en vías de desarrollo
y subdesarrollados la población no está protegida frente a su
intoxicación medioambiental.
Hasta 1978, año en que fue prohibido su uso en la composición
de numerosos elementos, este metal era muy ubicuo e incluso muchos juguetes
contenían plomo. Sin embargo, las viviendas viejas siguen conservando-tuberías,
cables, pinturas y otras fuentes de este tipo de intoxicación.
De hecho, el prestigioso Centro para el Control de las Enfermedades
Infecciosas (CDC) de Atlanta (Georgia, Estados Unidos) reconoce que la intoxicación
por plomo es un problema mundial y no patrimonio exclusivo de las zonas urbanas
y marginales. Los riesgos de la eventual intoxicación por exposición
al plomo, según el CDC, no distinguen entre zonas geográficas,
grupos socioeconómicos y situación medioambiental, salvo por la
protección conferida mediante ciertas normativas adoptadas por las autoridades
Las bolsas de plástico impresas plantean riesgos si se utilizan
del revés para alimentos
EL CDC de Atlanta cree que, sólo en Estados Unidos,
de tres a cuatro millones de niños menores de seis años presentan
niveles de plomo en la sangre lo suficientemente altos como para interferir
en su normal desarrollo cognitivo y causar desde alteraciones en las facultades
para la lectura hasta retraso mental en diversos grados.
A juicio de los expertos, se precisan cantidades ínfimas
de plomo para causar intoxicación en los niños, e ilustran esta
aseveración con el siguiente ejemplo: los pequeños se pueden ir
envenenando paulatinamente si ingieren una cantidad de pintura con plomo equivalente
a un granito diario de azúcar. A este riesgo se exponen con tan sólo
tocar regularmente un marco de ventana y luego chuparse los dedos.
También los investigadores alertan sobre la reutilización
de bolsas de plástico impresas, en las que se han detectado niveles elevados
de plomo. El peligro amenaza cuando el consumidor da la vuelta a la bolsa y
la tinta de la impresión entra en contacto directo con los alimentos.
Agresividad y delincuencia
Los niveles elevados de plomo podrían explicar las causas
de ciertos comportamientos agresivos y de delincuencia, según algunos
estudios norteamericanos. Los investigadores de la Universidad de Pittsburg
(Pensilvania, EE UU) compararon los niveles de plomo de 194 jóvenes acusados
de pequeños delitos con otros 145 estudiantes libres de cargos y reclutados
como grupo control en los institutos de la zona. Los datos obtenidos evidenciaban
que mientras que los estudiantes presentaban 1,5 partes por millón (ppm),
en los delincuentes ese valor ascendía a 11 ppm. La cantidad tope recomendada
se sitúa en torno a 10 microgramos por decilitro de sangre, equivalente
a 1 ppm.
Para el psiquiatra Herbert Needleman, director de este trabajo,
se ignora con certeza si el plomo induce ciertas alteraciones en la conducta
que incitan a la agresividad o si se trata de una circunstancia más de
los ambientes marginales en que viven esos muchachos.
Otro estudio similar de este especialista, publicado en 1996
en The Journal American Medical Association (JA MA), ponía de manifiesto
que en los 800 niños estudiados en colegios públicos de Pittsburg
se observaba una clara asociación entre aquellos que cometían
actos agresivos y tenían niveles más altos de plomo en los huesos.
Estos resultados refrendan los obtenidos a mediados del siglo XX por Randy Byers,
del hospital infantil de Boston (Massachussets,EE U), que también mostraban
una relación entre la exposición al plomo y la delincuencia.
Las primeras noticias de intoxicación por plomo se
remontan a 1848, cuando la expedición de Sir John Franklin buscaba el
mítico Paso del Noroeste en el Polo Ártico. En dos años
fue muriendo la tripulación "tras perder el juicio", según
crónicas de la época. Las causas fueron un misterio durante 140
años, hasta que pruebas realizadas en mechones de pelo y fragmentos óseos
revelaron que se habían envenenado por comer carne en latas selladas
con soldadura de plomo.